Semicuadratura
La semicuadratura coloca dos planetas a cuarenta y cinco grados de distancia — media cuadratura, y se comporta como tal a menor volumen. La fricción es real pero rara vez dramática: una picazón más que una herida, un tropiezo recurrente entre dos impulsos que nunca llega a estallar en conflicto abierto. Esa suavidad es su trampa. Como la tensión queda por debajo del umbral de la crisis, es fácil ignorarla, y lo que se ignora se repite. Trabajada, la semicuadratura afila: su presión leve y crónica construye destreza como lo hace una piedra de afilar — por grados, mediante el contacto.